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En cada número de El Estandarte Evangélico la obispo Nelly Ritchie publica la

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La Palabra se hizo Luz... Historia... Conflicto...

 

Es hora de transformar

Un gran espejo

"No teman, porque yo les doy nuevas de gran gozo"

... Y Dios se tomó su tiempo...

"Los derechos siguen siendo patrimonio de unos pocos"

Volver a empezar

“Considero el mundo entero como mi parroquia...

Es hora de hablar, predicar, anunciar...

Que sea lo que Dios quiera

Al umbral de un nuevo año. Brotes tempraneros
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Un gran espejo

Hace varios años participé en una de las Asambleas Generales del Consejo Latinoamericano de Iglesias. En esa oportunidad, un bello y antiquísimo rincón brasilero fue espacio para que más de 500 delegados y delegadas participaran tanto de las deliberaciones como de la adoración al Dios que nos unía en la diversidad.

Una mañana luego de cantar “con toda la garganta” fuimos invitados a un momento de confesión en silencio. El silencio se hizo profundo en aquella antigua capilla de piedra. De pronto dos personas del equipo litúrgico comenzaron a caminar entre las filas, en sus manos: un espejo. Se paraban unos instantes ante cada uno de nosotros.

Todavía puedo sentir la emoción y la conmoción de aquel momento de confesión mirándome al espejo con el “Tal como soy sin más decir” resonando en mi corazón.

La emoción del momento fue conmoción al pensar en lo que no me gustaba, en lo que no quería ver, en lo que rechazaba, en lo que pretendía ocultar.

¡Un espejo! Me devolvía una imagen, me enfrentaba a una realidad, me invitaba a ver errores, me provocaba a corregirlos.

Y sin embargo, ese espejo no decía todo lo que soy. Porque soy más que esa figura que allí se refleja: limitada por tiempo, espacio, circunstancia ¡Soy, además, más de lo que yo misma creo ser!

Decía el apóstol Pablo “Ahora vemos por espejo, oscuramente, pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como fui conocido” (I Corintios13:12).

Volví a enfrentarme a un “gran espejo” en el Encuentro Nacional y en la Asamblea General. Viví, como seguramente lo hicieron muchos de ustedes, una gran emoción y una gran conmoción, ahora comunitariamente.

La emoción y gratitud a Dios por el trabajo de tantos, hermanas y hermanos, allí reflejados. La emoción y gratitud a Dios por tantas oraciones allí respondidas en abundancia. La emoción y gratitud a Dios porque obró con la libertad propia de Su Espíritu en la vida de tantas personas, antes, durante y seguramente después del evento. La emoción y gratitud a Dios por sentirme parte de este tiempo de Dios en esta Iglesia Metodista: con todo lo que el “gran espejo” refleja, con todo lo que provoca, con todo lo que nos indica que debemos animar, aprender, reforzar y corregir.

Junto con esa emoción traducida en gratitud, está la conmoción. El conmover puede estar referido a perturbar, inquietar. Una experiencia que nos “sacude” no siempre en un sentido positivo hasta puede paralizarnos. Conmover etimológicamente también significa “enternecer”, mover a ternura, por compasión. Conmover puede ser el moverse con otros, mirarse junto a otros y otras. Conmovernos como Jesús frente a la multitud a quienes enseña y alimenta, a quienes perdona y llama al seguimiento, a quienes conduce como buen pastor, a quienes desde las cosas sencillas de la vida cotidiana les anima a soñar y buscar el reino de Dios y su justicia.

No sé ustedes, pero yo quisiera ser parte también de esta “conmoción”.

Sigamos en este animarnos a ser ese pueblo que recupera su pasión por el Evangelio y su compasión por las personas, con la certeza de que la promesa de “hacer nuevas todas las cosas” es una realidad en cada vida y cada comunidad de fe que proclama y vive el evangelio de Jesús, Señor y Salvador del mundo. La buena nueva de vida abundante para todos.

En amor fraterno
Pastora Nelly Ritchie
Obispo

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... Y Dios se tomó su tiempo...

Queridos hermanos y queridas hermanas en Cristo:

Cuántas veces hemos escuchado estos comentarios o nosotros mismos los hemos formulado:

“Me encantaría ir, pero no tengo tiempo”
“¡Ah! ¡Si tuviera tiempo...!”
“Me faltó tiempo...”
 “¡Perdí tiempo...!”

Estas y otras expresiones en relación con el tiempo nos resultan familiares, cotidianas. Cuando llega esta época del año más aún, todo parece urgente, se suman las demandas y los tiempos parecen acortarse. ¡Tanto para hacer, pero no nos alcanza el tiempo!

 Ni qué hablar de nuestras eternas discusiones sobre “calidad” versus “cantidad” del tiempo, el que le dedicamos a la familia, al trabajo, a la vida de la Iglesia, a nosotros mismos.

Cuando pensamos en la Encarnación de Dios en Jesús, hablamos de aquel acontecimiento que se dio en el tiempo propicio, el tiempo oportuno. Un tiempo divino que respeta los tiempos humanos (cuando se cumplió el tiempo; María dio a luz). Un tiempo de Dios que irrumpe en la persona de Jesús en nuestros tiempos limitados y nos ofrece una nueva vida.

Un tiempo de Dios que transforma nuestras limitaciones, que hace posible pensar que cantidad y calidad no se contraponen sino que pueden llegar a ser parte de una misma realidad. Lo fue en Jesús: en su vida, palabras y ministerio. Lo puede ser para nosotras y nosotros. Lo puede ser para la Iglesia.

En breves semanas estaremos, como parte del pueblo de Dios, preparándonos para celebrar ese acontecimiento mayor: la Palabra se hizo carne... y ¡vimos su gloria! Dios se tomó tiempo para revelarnos su plan salvador.

¿Estamos dándonos el tiempo para “ver” su gloria? ¿Estamos personal y comunitariamente dando el espacio necesario para que el plan de Dios tome forma en medio de su pueblo? ¿Será posible hacerlo sin darnos el tiempo personal de encuentro con Dios y el tiempo necesario de verdadero encuentro como hermanas y hermanos?

Deseo desde esta página invitarles a que nos dispongamos como Iglesia a:

Recuperar el tiempo de oración y lectura personal de la Palabra.

Redescubrir el tiempo del ayuno.

Reforzar la práctica de la oración en pequeños grupos.

Alentar los espacios de testimonio comunitario.

Estar alertas a lo que Dios nos demanda desde la realidad social.

Ejercer nuestro amor en la solidaridad concreta con quienes más necesitan.

Darnos el tiempo necesario para que nuestros tiempos como Iglesia no sean vanos, para que no caigamos en el activismo encubridor ni en el la apatía paralizante.

Permitamos que en este tiempo Dios nos vuelva a visitar. Preparémonos para ello. Sólo así tendrá verdadero contenido nuestra celebración de Su Venida en Navidad y sólo así tendrá sentido celebrar juntos en enero el verdadero Encuentro: ¡el de Dios con nosotros!

“¡Vamos! Vienen nuevos días”

En amor fraterno
Pastora Nelly Ritchie
Obispo

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Volver a Empezar

 Las aguas bajaron, y al hacerlo dejaron a la vista: casas inhabitables, destrozos difíciles de reparar, paredes húmedas y sucias, espacios vacíos. Barro, basura, olor a muerte.
Las aguas arrebataron vidas, recuerdos, historias. La pobreza que estaba allí, presente desde mucho tiempo atrás, se hizo noticia, pasó a ser primera plana en los diarios y fue compañía cotidiana en las pantallas de nuestros televisores.
Luego las palabras, las excusas, lo que pudo ser previsto y no lo fue. Lo que pudo ser evitado y no lo fue. Lo que pudo ser...
Pero también existe lo que sí fue: la solidaridad, la organización de la gente que está con la gente. La generosidad de un pueblo que se brinda, que trabaja, que sirve.
Dos realidades presentes en Santa Fe durante las inundaciones, paradigma de las dos realidades presentes en nuestro país.
Y nos preguntan, nos preguntamos ¿es posible volver a empezar? En una ciudad devastada... y en un país saqueado ¿no será una ilusión afirmar que es posible volver a empezar?
Hace unos años un cantautor argentino se preguntaba *

... “en qué lugar anidaré mis sueños nuevos
y quién me dará una mano cuando quiera despertar.
Volver a empezar, que no se apague el fuego.
Queda mucho por andar
Y que mañana será un día nuevo bajo el sol.
Volver a empezar...”

Volver a empezar ¿es posible?

Como país nos encontramos transitando un período político distinto. Tenemos muchas dudas, desconfianzas, y sentimos que nos “queda mucho por andar” desearíamos realmente que “mañana sea un día nuevo bajo el sol para volver a empezar”. Para ello tal vez tengamos que “atravesar algunos miedos”, para volver a empezar, volver a intentar.
Como Iglesia somos parte de esta realidad conflictiva. Corremos también el riesgo de no hacernos cargo de nuestra parte en la crisis. Es mucho más cómodo mirar de lejos, tomar distancia, lamentarnos ante los sufrimientos de los demás o responsabilizar a otros de los errores.

Volver a empezar es posible, también para nosotros y nosotras como parte del pueblo de Dios cuando reconocemos nuestras debilidades y fortalezas. Cuando descubrimos que una mano se ha tendido para ayudarnos a anidar los sueños nuevos y que esa mano es la de nuestro Dios que se abajó en Jesucristo.

Volver a intentar es posible cuando nos reconocemos instrumentos de Dios, al servicio de su Reino, cuando descansando en su gracia redentora nos disponemos a vivir personal y comunitariamente en la libertad de las hijas y los hijos de Dios que son llamados a ser de bendición para muchos.

Volver a empezar con la guía y en el poder del Espíritu Santo, espíritu de Verdad, que nos conduce a toda verdad. Que nos anima a comprometernos cada día en las tareas cotidianas, preservando y dignificando la vida, construyendo estilos de vida respetuosos de las diversidades, inclusivos y fraternos.

Volver a intentar ponernos de pie como país, como Iglesia, como creyentes en Aquel que nos legó el ministerio que trae la justicia (II Corintios 3: 9b) , sabiendo que llevamos este tesoro en vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no de nosotros (II Corintios 4:7).

Que en esa confianza trabajemos cada día.

En amor fraterno
Pastora Nelly Ritchie
Obispo.

* Alejandro Lerner

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Es hora de hablar, predicar, anunciar...

Queridas hermanas y queridos hermanos en Cristo:

Tal vez hoy más que nunca nos cuesta mucho pensar cómo será nuestro mundo cuando estas palabras sean leídas. Cuál será el nuevo escenario mundial y cuál nuestra realidad argentina.

Hay momentos en que las palabras parecen vacías, débiles e impotentes. Las buenas intenciones y los buenos deseos se estrellan contra una  realidad cruel, atroz e inhumana. Las oraciones elevadas en diversas lenguas, así como las manifestaciones masivas en el  mundo entero son una expresión de la necesidad humana de unirse desde el clamor por justicia y verdad, desde la necesidad de sentirnos humanos y hermanos.

La palabra Invasión cobra dimensiones espectaculares, llena las pantallas de nuestros televisores de cuerpos desechos, vidas truncadas, angustia  y temor  ante  ese “monstruo grande que pisa fuerte”. Otro capítulo de la guerra desatada hace mucho tiempo y que tiene su cuota diaria de muerte en nuestro propio medio.

La palabra Paz se eleva como paloma herida intentando volar en medio de las “bombas inteligentes” que no son “buenas bonitas y baratas” como las definía un  orgulloso militar, sino que son mortales, horribles y caras porque se cobran las vidas preciosas de inocentes .

La verdad sigue apresada. La Justicia avasallada. La vida violentada. El futuro y la libertad hipotecados. ¡Cristo nuevamente crucificado!

Dos mil años después, la humanidad sigue recorriendo un camino de traiciones y entregas. De sacrificios humanos. De vanas búsquedas de poder , olvidándose de Dios.

“Cuando la guerra comienza, Dios es olvidado” decía el padre del movimiento metodista. Y estamos cercanos a celebrar los 300 años del nacimiento de Juan Wesley, quien no sólo hablaba claramente sobre lo demoníaco de la guerra, sino del valor único e irrepetible de toda vida humana.

Como Iglesia, como hijos e hijas del Padre que en Jesús el Hijo   nos ofrece una vida resurrecta, nueva y libre, como parte del pueblo de Dios y de esta porción particular del pueblo llamado metodista es hora que nos volvamos de nuestros caminos de errores, de temores y comodidades. Es hora de hablar y obrar en orden al mensaje salvador. Es hora de proclamar la entrega de Jesús el Cristo como único sacrificio válido. Y por lo tanto es hora de denunciar las mucha formas en que la vida es limitada y sacrificada en nuestro mundo hoy. Es tiempo de recordar que somos un pueblo que ha recibido un gran legado: el mensaje de Salvación. A la vez somos herederos de una tradición que nos ha  ayudando a comprender el Evangelio como mensaje de Salvación integral: promesa de vida  eterna y a la vez ofrecimiento de pleno sentido para toda vida hoy!

Es hora de recuperar el sentido de las palabras: Paz, Justicia, Libertad, Evangelio, Salvación, Esperanza. Y podemos hacerlo si las vamos llenando de vida, de solidaridad, de humanidad, de pequeños actos cotidianos que anuncien nuestra resistencia, nuestra decisión de no resignaros “imparciales frente al mal” (Himno 175)...

Es hora de hablar, predicar, anunciar al Dios que en Jesucristo vino no a condenar al mundo, sino a ofrecernos plena salvación. Y anunciarlo en toda y con toda nuestra vida. En nuestra comunidad a través de ella y más allá de ella. En nuestras decisiones y opciones. Anunciarlo con claridad en nuestras prioridades y compromisos. Hacerlo vida en nuestro caminar junto a otros/as defendiendo la dignidad de la vida y preservando la creación.

Que nuestras palabras tengan la fuerza del amor, el poder del Espíritu, y la férrea resistencia de una Esperanza que no defrauda: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (I Pedro 1:3).

¡Que en medio de las tinieblas la Luz de Cristo brille con toda su intensidad en nuestras vidas, en nuestra Iglesia, en su mundo¡

En amor fraterno
Pastora Nelly Ritchie
Obispo

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Al umbral de un nuevo año.

 “Al umbral de un nuevo año
que comienza a amanecer
Padre amante te imploramos
Nos conduzcas por el bien.”

 (1º. Estrofa del Himno 417 del C.N.)

Y aquí estamos al umbral de un nuevo año. Agradecidos y agradecidas a Dios por la oportunidad de estar aquí. Temerosos y temerosas de atravesar el umbral porque los sonidos de la guerra y los silencios de la muerte nos hacen dudar ante este nuevo camino que debemos recorrer.

El salmista nos anima a caminar con la certeza de que Dios es nuestro guardador “No dará tu pié al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda” (Salmo 121:3).

 Y entonces colocamos nuestros pies en este nuevo tramo del camino, atravesamos el umbral y descubrimos otros caminantes, descubrimos señales de esa presencia y guía continua de nuestro buen Dios. También descubrimos señales, que nos preanuncian acontecimientos, actividades, en las cuales somos invitados e invitadas a participar:

“Elecciones”

¡Si!  ¡Otra vez elecciones!  Es nuestra responsabilidad y nuestro privilegio elegir.

” ¿A quienes? ¡Si todo son lo mismo!” – me dirán.

 No, no son todo lo mismo, ni dicen lo mismo, ni proponen lo mismo. Que Dios dirija nuestra mirada y nuestra voluntad en este tiempo de elecciones y más allá del acto eleccionario en sí. Que podamos sentir que estamos en la construcción de nuevas alternativas, desde lo cercano, desde la gente, desde la vida. Este es un largo camino, pero es Dios quien nos invita a recrear el país que El desea que seamos.

 “Hacia la Asamblea General”

Este año es preparatorio para la Asamblea General, que se realizará en el verano próximo: 4 a 9 de enero del 2004, y que será distinta porque se está programando realizar en el ámbito de un Encuentro de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina.

Queremos conocernos y reconocernos. ¡Deseamos hacer visible esos rostros de la misión cotidiana, esas vidas que son testimonio vivo del poder de Dios! Deseamos celebrar juntos y juntas lo que Dios sigue haciendo en medio nuestro. ¡Deseamos proclamar que Dios hace todas las cosas nuevas!

¡Hay mucho para hacer! ¡Mucho por organizar! Pero no se olviden que la única manera en que podremos encontrarnos de verdad es comenzando ya a soñar el encuentro, a planificarlo, desde el deseo de cada uno... desde la comunidad local, desde las regiones.

300 Años:

Así proclama la tercera “señal”. 300 años del nacimiento de Juan Wesley, ese siervo del Señor que fue convertido por el poder del Espíritu Santo confirmando en su vida que sus pecados, si los suyos, habían sido perdonados.

Esa experiencia que encendió su vida con la pasión evangelizadora ; que abrió sus ojos y su vida a la compasión por el ser humano y sus necesidades integrales,  que fortaleció su vida para transitar caminos (tanto o más riesgosos que los nuestros) con la plena convicción de ser parte de la misión de Dios. Que puso en movimiento un “movimiento”: el metodista.

Como Iglesia estamos invitadas e invitados a atravesar el umbral (de nuestras ideas, visiones, temores) para arriesgarnos a transitar, junto a otros y otras, este camino de elecciones cotidianas entre la vida y la muerte, el bien o el mal.

Estamos invitados/as a celebrar las grandes cosas que Dios hizo, proclamando las que hace y hará en su pueblo, para bien del género humano.

Estamos invitados/as a ser parte de la construcción de una comunidad que refleje los valores del Evangelio de vida plena. Uniendo nuestros deseos y capacidades, nuestros sueños y visiones, recordando como dice el proverbio “la hora más oscura es cuando está por amanecer”.

 Que no nos detenga el temor a la oscuridad. Que construyamos hacia ese día de plena libertad y dignidad para todos los seres creados a imagen y semejanza de Dios y toda la creación que sigue gimiendo por su redención final.

 En amor fraterno
Pastora Nelly Ritchie
Obispo

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“La Palabra se hizo Luz... Historia... Conflicto...

Las rodillas cansadas se fortalecieron,
se afirmaron las manos temblorosas,
y el pueblo que vagaba en tinieblas
¡Vio la luz!
La Palabra se hizo semilla-de-justicia
Y concebimos la paz.

Y los que vieron la estrella
nos abrieron el camino
que ahora caminamos.”

 

Este trozo del hermoso poema “Los que vieron la Estrella”, de la pastora guatemalteca Julia Esquivel, nos hace pensar en las consecuencias de dar espacio a Jesús en nuestras vidas.

La disponibilidad humana, ante la venida de Dios en Jesucristo, la acogida en nuestras vidas a la presencia viva de Jesús, fue y es el “mesón” o el pesebre que Dios transformará en altar. Nuestras vidas serán parte de este acontecer salvador; nuestras comunidades de fe, espacios donde se conjugue ese “verbo hecho carne”.

Pero este encuentro divino-humano, esta posibilidad de “hacer carne” la propuesta de Dios se da dentro de la confictividad histórica.

Aceptar a Jesús, dar espacio a que Él viva, crezca y obre en nuestras vidas es por un lado: gozo, alegría plena que nada ni nadie nos puede quitar. Por otro lado también es búsqueda, descubrimiento de nuestros propios temores ante los riesgos de vivir “preñados de esperanza” (citando a la misma autora en otra parte del poema).

Ser una comunidad que desea inscribirse entre quienes “ven la estrella”, y aceptan la guía para salir de las tinieblas a su luz admirable, trae aparejado el riesgo que el apóstol Pablo identifica como “den razón de la esperanza que hay en ustedes”.

Tal vez llegó el momento de que podamos como Iglesia manifestar de forma histórica (que siempre es limitada y conflictiva) esta certeza de que el Dios-con-nosotros es quien nos guía de las tinieblas a la luz.

Tal vez llegó el tiempo en que pongamos manos a la obra para fortalecer las rodillas cansadas y afirmar las manos temblorosas. Que trabajemos juntos y juntas para animarnos a mirar más allá de las limitaciones presentes, las posibilidades que tenemos para encontrar salidas creativas y solidarias.

Como aquellas personas que “vieron la estrella”, que experimentaron la presencia del Dios hecho humano, al interior de su propia historia, tomemos el compromiso de proclamar que no todo está perdido, que sí hay alternativas para una vida mejor, para una sociedad más justa y para un mundo más humano y fraterno.

Permitamos una vez más que Dios acampe entre nosotros. Que esa presencia sea fuerza, aliento y alegría compartida en este tiempo de Adviento y Navidad.

En amor fraterno,
Pastora Nelly Ritchie
Obispo

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Es hora de transformar

"Les escribo esto a ustedes que creen en el Hijo de Dios
para que sepan que tienen vida eterna.
Tenemos confianza en Dios porque sabemos que si le pedimos
algo conforme a su voluntad, él nos oye. Y así como sabemos
que Dios oye nuestras oraciones, también sabemos que ya
tenemos lo que le hemos pedido." (I Juan 5: 13-15)

Con estas palabras que son a la vez afirmación de nuestra fe en la obra de Jesucristo y palabras esperanzadoras para nuestro presente y hacia el futuro es que deseo llegar a todos ustedes: hermanas y hermanos de cada congregación metodista, cada obra de avance, cada casa de oración, cada espacio de testimonio y servicio.

Vivimos tiempos difíciles, tiempos en los cuales aquellas palabras de la canción

"es hora de transformar lo que no da más" se convierten en un imperativo evangélico. Y seguramente cada uno de nosotros/as se preguntará ¿cómo cambiar? ¿qué cambiar? ¿podemos hacerlo? ¿quiénes? ¿con quiénes?

"Dios hoy nos llama a un momento nuevo":

Así comienza la canción, pero así también comienza un cambio de actitud en nuestras vidas personales: Dios nos llama. Dios nos convoca. Dios toma la iniciativa. Dios se nos acerca. Y ese acercamiento provoca el encuentro, y el encuentro provoca el cambio. Cambio profundo: aceptación del perdón que restaura , de la fe que salva, de la obra permanente de transformación.

El llamado es en el hoy, en medio de las situaciones conflictivas, en medio de las frustraciones diarias, en medio de los temores y la impotencia ante las injusticias. Hoy es el tiempo en el cual puede comenzar o continuar ese momento nuevo, que se fundamenta y se nutre de la certeza  en la presencia  del Dios que con su poder salvador "hace todas las cosas nuevas".

"A caminar junto con su pueblo"

¡Qué difícil es esto! Si pudiésemos optar con quiénes caminar, junto a quiénes estar, con quiénes trabajar!

A veces nuestro paso seguro y apresurado ha dejado de lado a muchas personas, hemos excluido de nuestras vidas a aquellos que caminan despacio, a aquellas que se detienen demasiado. A veces nuestro paso ha sido lento y entonces cuestionamos a quienes avanzaron, a aquellas personas visionarias y atrevidas. ¿Cómo será caminar junto con su pueblo?

Primeramente será un hermoso desafío para conocernos y reconocernos. Para aceptarnos mutuamente, para "ajustar" el paso a las urgentes demandas de este hoy, conflictivo y desafiante; y a la vez a tener la capacidad para detenernos y celebrar el hecho de que estamos juntos y que pretendemos caminar junto con su pueblo.

Al caminar  juntos descubrimos que es "hora de transformar lo que no da más". Esas transformaciones se deben dar no sólo fuera de la Iglesia, sino al interior de la misma. Estamos cercanos a recordar el momento histórico en que un servidor del Señor, Martín Lutero, en su tiempo y en su realidad concreta optó por ser parte de ese proceso transformador al interior de la Iglesia. Esto tuvo sus costos, también sus beneficios para el testimonio de la Iglesia  universal.

Cuando entramos en esa comunión permanente con Aquel que transforma nuestras vidas, comenzamos a disfrutar de una visión diferente del mundo y de la Iglesia.  No es ya el mundo un campo de batalla donde estamos librados al mal imperante. Sino el campo de acción en el cual el Señor nos permite ser protagonistas en esa búsqueda de la luz, la verdad y la Justicia.

No es la Iglesia el reducto de los perfectos, sino la comunidad de aquellas personas que, escuchando la voz del  buen pastor, permiten que El les guíe y les fortalezca con su Espíritu para proclamar la palabra de Salvación y comprometerse en acciones transformadoras.

No son ya "las otras" personas las que deben cambiar, sino que seremos cada uno de nosotros, todas y todos como Iglesia, los que tendremos que entrar en ese estado de permanente cambio, de profunda reforma, de total transformación.

 ¿Nos animaremos?

Pastora Nelly Ritchie
Obispo

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"No teman, porque yo les doy nuevas de gran gozo" (Lucas 2:10)

A la hora de escribir estas líneas me pregunto ¿cómo será la realidad de cada uno/a de nosotros/as al momento de leerlas?. Hoy el mundo se ve enfrentado a la locura de la guerra. La “lógica” de la exclusión que vivimos a diario se muestra con toda su  crudeza  en la eliminación del contrario, de la otra persona , que es identificada y catalogada como enemiga. La lógica de la muerte que experimentamos de tantas formas sutiles , ahora se hace visible, terrorífica, avasallante destructora de criaturas y creación. El poder concebido como imposición de criterios, culturas  , modelos de vida , ideologías ha dejado de lado el diálogo, ha renunciado al respeto ,menosprecia al débil, se olvida del menesteroso ,evidencia su intolerancia.

¿Qué hemos hecho Señor con las riquezas del mundo que nos diste por casa para todos y todas? ¿Qué hemos hecho Señor de aquellos hermanas y hermanos que pusiste a nuestro cuidado?

¿Qué de aquel mensaje de Belén, sencillo, pequeño y poderosamente transformador?

“No teman, porque les doy nuevas de gran gozo”

fueron las palabras del ángel anunciando el cumplimiento de la promesa a aquellos sencillos pastores que velaban y guardaban la vigila  de la noche sobre su ganado. “No teman sigue siendo el mensaje de Dios a su pueblo  ¡No porque  no haya motivos para el temor! Sino porque en el cumplimiento de aquella promesa, en la presencia de Jesús: amor encarnado , se hace visible la cercanía de Dios , el propósito salvador de Dios y la propuesta de una paz basada en la verdad y la justicia.

El “no teman” fue condición para que aquellos pastores, sorprendidos en sus tareas cotidianas , recibieran una noticia que no sólo  cambió la rutina  de sus vidas, sino que cambió el curso de la historia humana. Ese “no teman”sigue siendo hoy imprescindible para poder escuchar lo que Dios desea decirnos, para discernir en medio de tantas incertidumbres : la buena nueva de salvación. En medio del estruendo de las armas o el tétrico silencio de la guerra bacteriológica  ser capaces de identificar el anuncio y de escuchar el canto de las huestes celestiales que siguen proclamando : “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz”.

Esa proclama nos recuerda que no podemos gloriar a Dios  sin entregarnos a la búsqueda de una verdadera paz.  Y no podemos buscar la paz  sin consagrarnos a Jesús :Príncipe de la Paz, siguiendo el camino que nos trazó de amor ,verdad y vida.

Que este tiempo de Adviento nos encuentre  sostenidos / as por la  presencia de ese Dios que sigue optando por lo que “no es” para que sea, por lo pobre para enriquecerlo  y por lo pequeño como germen de un tiempo nuevo.

Dios nos bendiga para que en este tiempo y siempre podamos unir nuestras voces gloriando a Dios y diciendo que sí es posible la paz desde la resistencia del amor solidario.

En amor fraterno
Pastora Nelly Ritchie
Obispo

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"Los derechos siguen siendo patrimonio de unos pocos"

El 19 de diciembre, un día antes de que se produjeran los movimientos de protesta masivos que condujeron a la renuncia del Presidente De La Rua, la Obispo Nelly Ritchie difundió esta carta en la que anticipaba muchos de los reclamos que luego se escucharían en todas las plazas del país.

"EL Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y para proclamar el año agradable del Señor."

La comunidad cristiana vive esta época especial de Navidad con renovada esperanza en el Dios que escucha el clamor del pueblo y actúa para salvación.

Como Iglesia Metodista somos parte del "pueblo de la esperanza" y al mismo tiempo, somos parte de este pueblo argentino, que sufre el atropello a la dignidad de la vida.

El pasado 10 de Diciembre Argentina cumplió 18 años de vida democrática continua ,pero ¿es esto motivo de celebración cuando esta mayoría de edad cronológica no condice con actitudes y decisiones que desconocen los derechos básicos de la ciudadanía?

Los derechos que nos hacen humanos: trabajo, educación, salud, vivienda, protagonismo ciudadano, siguen siendo patrimonio de unos pocos, mientras el desempleo, el abandono, la violencia en todas sus formas continúan siendo las constantes de las grandes mayorías que claman y reclaman ante la indiferencia e incapacidad de respuestas solidarias por parte de los gobernantes y el poder económico y financiero.

Nos preocupa profundamente la espiral de violencia que sufrimos en forma horizontal a la cual se le suma la violencia institucional creciente que se ejerce frente a reclamos sectoriales y generales.

Para nosotros y nosotras como cristianos, el mayor de los regalos que Dios nos ha dado es su encarnación. En Jesús de Nazareth reconocemos al Dios hecho hombre, nacido en un establo, en medio del calor que le brindaron María ,José y los animales, tal como lo recordamos en cada pesebre de Navidad.

Este escenario nos recuerda al Dios que se hace parte de la historia de los excluidos ("no había lugar en el mesón") y nos habla de la esperanza arraigada en el dolor de los que menos poseen materialmente. Por todo esto la vida humana es el valor supremo y la defensa de toda vida debe ser nuestra prioridad.

No podemos quedarnos indiferentes ante la "muerte social" de millones de personas, por el hambre, por la violencia estructural, por la falta de futuro.

Las palabras de Jesús:" He venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" es una promesa que compromete nuestro ser como comunidad de fe.

Por eso clamamos junto a tantas otras voces, por ello reclamamos junto al pueblo del cual somos parte. Clamamos por el pleno respeto de la vida humana, por recuperar los valores que nos hacen libres y no súbditos de planes inhumanos. No queremos ser partícipes silenciosos de un genocidio social.

Ante la crítica situación que vive la Argentina, una vez más se habla de "concertación". Creemos que la búsqueda de la unidad no se agota como valor en si misma, sino que significa la respuesta concreta a la gran deuda social interna que se ha ido acumulando en los últimos años. Concertar con otro objetivo, priorizar otra clase de deuda, es una parodia de unidad que lo único que seguirá produciendo será una mayor estafa a nuestro pueblo.

Reclamamos la plena vigencia de los derechos humanos y el acceso a su pleno ejercicio por parte de todos y todas, sin ningún tipo de exclusión ni discriminación. Sólo así haremos realidad el amor de Dios en nuestras vidas y el mensaje navideño de paz, justicia y esperanza.

Mereceremos llamarnos cristianos y cristianas cuando seamos capaces de rechazar todo tipo de impunidad, colocando la vida como único criterio de verdad a la cual se supeditan todas las demás verdades.

Que el amor de Dios ilumine nuestro camino. Que la Gracia de Jesucristo renueve nuestras esperanzas y el Espíritu Santo acompañe y fortalezca nuestro compromiso por una sociedad más justa, digna y humana.

Pastora Nelly Ritchie
Obispo

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“Considero el mundo entero como mi parroquia...” Juan Wesley

Cuando el padre del movimiento metodista, hablaba del mundo como su parroquia ¿tendría en mente lo que en nuestro tiempo comenzó a llamarse la “aldea global”? ¿Tendría la perspectiva de un pensamiento único, absoluto? ¿Pensaba en un solo modo de desarrollarse como personas, de estructurar la sociedad y de ser comunidad?

Rescatemos las palabras de Juan Wesley:

“ Considero el mundo entero como mi parroquia: con la cual quiero decir que en cualquier parte de él que esté, juzgo adecuado, justo y de mi obligado deber, declarar a todos los que estén dispuestos a oír, las alegres nuevas de salvación. Esta es la obra a la cual sé que Dios me ha llamado: y estoy seguro de que su bendición la acompaña”.

Sería bueno recordar que esta afirmación es respuesta a una situación concreta: se le había prohibido predicar al aire libre y en otras parroquias. Wesley defiende no sólo su plena certeza de que obedecerá a Dios antes que a los hombres, sino que hace explícita también la prioridad de su tarea: “declarar... las buenas nuevas de salvación”.

La plena confianza en el perdón de Dios llena su vida de alegría por este don y a la vez hace girar su ministerio sobre un nuevo eje: la urgencia por proclamar y vivir la buena noticia, y de estructurar la vida de la Iglesia en torno a esta prioridad.

Como Iglesia Metodista hoy, en medio de la profunda crisis que vivimos como país, como continente y como mundo entero, donde cotidianamente experimentamos las fuerzas destructivas de quienes impulsan la ideología del pensamiento único, de políticas económicas que no toman en cuenta las necesidades del pueblo, de presiones externas y de servidores internos que siguen saqueando nuestra patria... ¿no es tiempo de rescatar esta afirmación del mundo como nuestra parroquia?

Hoy no padecemos el impedimento de predicar al aire libre o en otras iglesias; sin embargo, a veces padecemos de otros impedimentos más difíciles de detectar y por lo tanto de combatir: nuestra inercia institucional, nuestro miedo al cambio, nuestro escepticismo, nuestro temor a lo diverso.

Hoy estamos llamados a “salir” de nuestras propias prisiones y hacerlo desde la recuperación de nuestra especificidad como Iglesia: dar a conocer las alegres nuevas de salvación. Hacerlo desde la libertad que da el Espíritu que nos lleva a la obediencia al Dios de la Salvación. Hacerlo desde el reconocimiento de que el amor de Dios es para el mundo entero, y que la Iglesia debe ser instrumento válido en el anuncio y en la vivencia de esa salvación.

Esto ¡ya está sucediendo! Sí... en nuestra Iglesia Metodista hay nuevas comunidades y antiguas congregaciones que están viviendo esta renovación que les lleva a fortalecer su vida espiritual y su accionar comunitario. Congregaciones, que al abrir sus puertas a las necesidades de otras personas, descubren cómo Dios obra en su mundo y nos ofrece señales esperanzadoras en la creatividad y la capacidad de resistencia de los pobres.

El Espíritu Santo no circunscribe su obrar a las paredes de los templos. Se mueve en medio del pueblo. El Espíritu obra, como siempre de formas diversas, abriendo los ojos a las necesidades de los más vulnerables, fortaleciendo a quienes sirven con alegría, ayudándonos a reconocer las capacidades propias y ajenas, fortaleciendo la esperanza y creando comunidad.

Esto ¡está sucediendo! Sí... entre nosotros y nosotras. ¿Dónde? ¿Cómo? Qué bueno sería si nos animáramos a compartir estas experiencias, las que suceden en nuestras congregaciones, en nuestro pueblo o ciudad, en nuestra región, en nuestro trabajo social, en nuestro compromiso ecuménico, en la defensa de los derechos sociales, en nuestra búsqueda de unidad como pueblo.

¿Qué nos impide decir, contar, testimoniar cómo vivimos hoy en esta “parroquia” que es el mundo que Dios nos ofrece como casa para todos y todas? Les animo a hacerlo a todos los niveles: en sus congregaciones locales, en sus regiones y a través de este medio nacional. ¡Esto será seguramente de bendición para todos y todas!

En amor fraterno
Pastora Nelly Ritchie
Obispo

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Que sea lo que Dios quiera

En medio de las dificultades y vicisitudes, cuando enfrentamos decisiones que sabemos pueden cambiar nuestras vidas y afectar la vida de los demás, nuestra oración se torna súplica “Señor, que se haga tu voluntad y no la mía”.

Muchas veces esta oración traduce una cierta resignación de nuestra parte, cuando en realidad en labios de Jesús es la expresión de su total obediencia al plan salvador del Padre.

Cuando nos enfrentemos a las tentaciones de salidas individualistas (caminos a solas) o a la resignación frente a la supuesta única salida , el Señor nos guíe por el único camino que como sus hijos e hijas suyos debemos transitar: conocer y hacer la Voluntad de Dios. Como lo expresa el antiguo himno *

“Cristo tu voluntad gozoso cumpliré
Servirte con lealtad será mi gran placer,
No quiero yo trazar mi propia senda aquí
Sino contigo andar hasta la eternidad.” * 

Sólo así seremos pueblo testigo, Iglesia fiel y misionera.

* Del Cántico Nuevo: Himno 304, estrofa 3

Que sea lo que Dios quiera

Esta frase fue pronunciada por el Presidente de la Nación, doctor Eduardo Duhalde. La pastora Nelly Ritchie, obispo de la Iglesia Metodista Argentina, le responde.

¿“QUE SEA LO QUE DIOS QUIERA”? ¡SÍ, LO QUE DIOS QUIERE!

La frase golpeó mis oídos como intento de respuesta a la falta de respuestas.

Luego la frase hirió mis ojos desde el titular de uno de los diarios, como reconocimiento de la incapacidad de ver y oír el clamor del pueblo.

“QUE SEA LO QUE DIOS QUIERA”... no sé si me duele más la ligereza con que se invoca el nombre de Dios o el hecho de que se relacione a Dios con lo final, con lo fatal, con lo terminal, con la incapacidad humana de obrar bien y para el bien.

¿Deseamos realmente que “Sea lo que Dios quiere”? Porque... ¡sabemos lo que Dios quiere!

DIOS QUIERE:

Que no tengamos otros dioses delante de Él. Por lo tanto DIOS NO QUIERE que endiosemos al Mercado, ni hagamos un absoluto de nuestros modelos políticos y económicos.

DIOS QUIERE: que no tengamos ídolos, que no nos inclinemos ante ellos. Por lo tanto DIOS NO QUIERE nuestra sumisión al FMI, al Banco Mundial, a los poderes foráneos ni a las oligarquías nacionales.

DIOS QUIERE: que no hagamos mal uso de Su nombre. Por lo tanto DIOS NO QUIERE que usemos Su Nombre para encubrir o someter; para condicionar pensamientos o limitar voluntades.

DIOS QUIERE: que trabajemos 6 días... y descansemos el séptimo. Por lo tanto DIOS NO QUIERE la desocupación ni la explotación; la falta de posibilidades para crear y recrear, para estudiar e investigar.

DIOS QUIERE: que honremos a nuestros padres y madres. Por lo tanto DIOS NO QUIERE a nuestros jubilados mendigando, padeciendo, muriendo en vida.

DIOS QUIERE: que no matemos. Por lo tanto DIOS NO QUIERE la muerte: la que provoca el hambre, la falta de atención médica, la violencia institucional, la de las leyes injustas, ni la confrontación del pobre contra el pobre.

DIOS QUIERE: que no cometamos adulterio. Por lo tanto DIOS NO QUIERE el engaño, el uso de las personas, ni la adulteración de la verdad y la justicia.

DIOS QUIERE: que no robemos. Por lo tanto DIOS NO QUIERE el saqueo sistemático de los recursos del pueblo, ni de los recursos naturales, ni el vaciamiento del país. Tampoco quiere que les robemos la esperanza y el futuro a nuestros jóvenes.

DIOS QUIERE: que no digamos mentiras en perjuicio de nuestro prójimo. Por lo tanto DIOS NO QUIERE leyes que encubran la ilegitimidad ni planes que beneficien a unos pocos, en nombre de todos.

DIOS QUIERE: que no codiciemos. Por lo tanto DIOS NO QUIERE que especulemos con el hambre y las necesidades de nuestro pueblo, ni obremos de forma mezquina pensando en nuestro propio beneficio.

Antiguas palabras

Esto es lo que DIOS QUIERE según lo que expresa Su Palabra (Éxodo cap. 20). O en las antiguas palabras del profeta Miqueas: “Dios ya te ha dicho, oh hombre, en qué consiste lo bueno y qué es lo que él espera de ti: que hagas justicia, que seas fiel y leal y que obedezcas humildemente a tu Dios”.

Si deseamos conocer la voluntad de Dios, la encontraremos explícita en Su Palabra escrita y vivida desde la fe por tantas personas sencillas y honestas de nuestro pueblo.

Si deseamos hacer esa voluntad habrá que traducirla en acciones honestas, gestos solidarios, leyes justas, procesos transparentes, en capacidad de gobernar, en la construcción de una sociedad democrática, pluralista y justa que proteja a nuestra gente y a nuestro suelo.

Esperamos que esto sea así para que recuperemos la dignidad de un pueblo que vive con alegría y libertad en su tierra.

¿Que sea lo que Dios quiera? ¡SÍ, LO QUE DIOS REALMENTE QUIERE!

Pastora Nelly Ritchie
Obispo

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Brotes tempraneros

Los brotes tempraneros, los días un poco más luminosos, los aromas y tenues colores nos van anunciando que el frío invierno está cediendo lentamente a la presencia de una de las estaciones más esperadas: ¡la Primavera!

Para quienes vivimos en esta parte del mundo Septiembre es por sobre  todo el mes de la primavera. Pero para el pueblo cristiano en todo el mundo (enfrentando otras “estaciones” )  este mes es sobre todo el Mes de la Biblia.

Hablamos de la Biblia como “Palabra de Dios”. Esa palabra es reconocida ,desde la fe del pueblo, en primer lugar como una palabra creadora. En el acto de la creación descubrimos el poder de esa palabra de Dios : venciendo al caos, eliminando la “nada” dando forma a lo informe, iluminando las tinieblas.

Con la misma fuerza esa palabra convocante de vida se hace presencia humana en la persona de Jesús. Palabra que invita, propone, incorpora a la acción salvadora de Dios, ofreciendo perdón, redención, salud, salvación, la re creación de todas las cosas y de todas las personas .

Es el obrar de la palabra hecha poder transformadora en el Espíritu Santo, el que sigue creando  cuerpo, comunidad,  pueblo que cuenta y vive las maravillas del Dios-Palabra y de la Palabra de Dios.

Esa Palabra de Dios : creadora, salvadora, transformadora convoca a los seres humanos  a ser co-partícipes , a decir nuestra palabra en sintonía con el propósito divino. A reconocer y desenmascarar las palabras encubridoras, tramposas, mentirosas.

La Biblia es el claro testimonio de las muchas experiencias de ruptura  por parte de los seres humanos de “la palabra  dada” . Pero es a la vez el testimonio de la fidelidad permanente por  parte de Dios, su persistente deseo de hacer alianza con la humanidad.  Su Palabra es Fiel y Permanente.

Si confiamos plenamente en el Dios de la Palabra, y en la Palabra de Dios seremos de aquellas personas que no sólo guardamos sus mandamientos y permanecemos en ellos tal como Juan nos lo recuerda en su Primera Epístola (I Juan 2:3-11), sino que además nos atreveremos a ingresar en ese nuevo ámbito de vida que el Apóstol Pablo llama la “nueva vida en Cristo” ( Efesios 4:17-32)

¿Qué sucedería hoy en nuestras vidas si de “oidores” de la Palabra pasamos a ser hacedores de ella?

¿Qué sucedería hoy en nuestras comunidades de fe si nos recordáramos mutuamente que es posible ,en ese ámbito nuevo ofrecido por Jesucristo, hablar la verdad en amor,

ejercer la misericordia y el perdón, cuidar nuestras palabras y acciones para ser de  bendición y edificación ?

¿Qué sucedería hoy  en nuestro país si como pueblo de La Palabra nos atreviésemos  a desechar la mentira, a no hurtar, trabajar para el bien, a despojarnos de todo lo que está “viciado de viejo”?

Tal vez si nos animamos a algo de esto ¡o a todo ello! comenzaremos a ver otros  “brotes”: los de la justicia , la verdad, la oportunidad y esperanza para todos/as!

Sea la Palabra del Señor nuestra fortaleza,  guía  y sostén.

En amor fraterno
Pastora Nelly Ritchie
Obispo

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